Lugares que visitar en Pollença: tres rincones que te conectan con el alma del pueblo
- Jorge Cifre

- 9 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Hay lugares que se disfrutan, y otros que se sienten. Pollença pertenece a la segunda categoría. No es solo un destino: es un viaje emocional, un paseo entre siglos de historia, tradiciones vivas y paisajes que parecen hechos para quedarse en la memoria.
Quien llega por primera vez suele decir que aquí el tiempo pasa más despacio. Quien vuelve, lo hace porque algo de Pollença se le quedó dentro.
Hoy quiero acompañarte por tres rincones que cuentan, cada uno a su manera, la auténtica esencia de este pueblo mallorquín.
1. Puig de Maria: una subida que transforma el día
Imagina empezar la mañana con el sonido de los pájaros y el aroma del pinar. El camino hacia el Puig de Maria es mucho más que una subida; es una experiencia que te invita a desconectar de lo urgente y conectar con lo importante.
Durante el ascenso, el pueblo queda atrás poco a poco. Las casas, las calles, el ruido… todo se aleja. Y cuando llegas al monasterio del siglo XIV, el aire cambia. Es como si aquel lugar hubiese guardado siglos de calma para ofrecértelos en ese instante.
Desde arriba, la vista del valle de Pollença, el Puerto, Formentor y la Serra de Tramuntana es una postal en movimiento. Cada luz, cada sombra, cada tono del cielo hace que el paisaje sea único, irrepetible, casi íntimo.
Bajar del Puig es regresar con una sensación ligera, como quien ha tenido una conversación profunda consigo mismo.

2. El Calvario: 365 escalones hacia el corazón de Pollença
El Calvario no se sube… se vive. Algo ocurre mientras avanzas por sus 365 escalones flanqueados por cipreses centenarios. No es un simple ascenso: es un viaje por la historia del pueblo.
Las casas antiguas, el silencio respetuoso, las vistas que se abren poco a poco…Y, al final del camino, la pequeña iglesia del siglo XVIII que custodia la cima como si fuese su secreto mejor guardado.
Pero si hay un momento en el que el Calvario muestra su alma es durante la Semana Santa, cuando el famoso Davallament convierte este lugar en el epicentro emocional del municipio. Un acto solemne, tradicional y profundamente mallorquín que baja por la escalinata y recorre las venas de Pollença entera.
Subir el Calvario es entender algo esencial: este pueblo no solo se mira, se siente.
3. Pont Roma: un puente que ha visto pasar mil vidas
A veces, la historia se esconde en cosas tan sencillas como un puente de piedra. El Pont Roma, de origen romano, sigue en pie como un testigo silencioso de todo lo que Pollença ha sido.
Imagínate hace cientos de años: comerciantes, viajeros, animales de carga… todos cruzaban este mismo puente para entrar al pueblo. Hoy, aunque el uso ya no es el mismo, sigue siendo un lugar especial, perfecto para pasear sin prisa y descubrir la Pollença más tranquila y auténtica.
El sonido del agua, la textura de la piedra y la quietud del entorno hacen que sea uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse.
Un pueblo que siempre deja ganas de volver
Visitar Pollença es entender que los lugares pueden tener alma. Que un monasterio puede darte calma, una escalinata puede contarte historias y un puente puede hablarte del pasado.
Y cuando te marches, probablemente sentirás lo mismo que sienten todos los que descubren este pueblo: que no lo has visto todo y que, de alguna manera, ya quieres volver.





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